El lenguaje inclusivo (o la conquista del Espacio)

El lenguaje inclusivo (o la conquista del Espacio)

Me yamo María Acosta. Soy sicóloga. Te hinvito a reflesionar sobre el lenguaje inclusivo. Si as tenido la templanza para poder seguir lellendo, será que debes ser una persona que incorpora la esperanza a sus actos (en este caso, acto de fe en que debe haber algo más en un texto que una buena ortografía). 

Aún así, a pesar de la esperanza, la maquinaria que utiliza tu mente para prepararte ante lo desconocido, nada más percatarse de la primera falta de ortografía, ya ha desatado su sistema de avisos y, no sé si dándote cuenta tú o sin dártela, te estaba alertando de algo, puede que de que este escrito no sería de fiar.

Esto nos sucede porque los humanos somos especialistas en traspasar las características de algo a cualquier otro algo que se le parezca, creando así un conjunto. Me explico.

Si has viajado a Italia, y lo has pasado genial, la próxima vez que te encuentres con algo-alguien de dicho país (el acento en la voz, una película, un tipo de vehículo, una comida, lo que sea), estarás predispuesto a que sea un encuentro agradable, por una cosa que en psicología se llama transformación de las funciones de un estímulo a través de un marco de relaciones (si mi viaje a Italia (A) fue Genial (B), y esta comida (C) es de Italia (A), entonces esta comida ( C) también es Genial( B); lo cual quedaría tal que así: A=B y C= A, entonces C=B).

¿Por qué explico todo esto? Porque las personas nos comportamos en base a reglas verbales de este tipo. El ejemplo de arriba es un ejemplo cualquiera de la infinitud de los que se podrían poner.

Así, si la buena ortografía es igual a buen nivel intelectual, y un buen nivel intelectual es igual artículos con contenido digno, entonces, la buena ortografía  parece asegurar que leer el artículo no será una pérdida de tiempo.

Sin embargo… todo esto que parece tan lógico, no tiene por qué resultar así. No es sino una conclusión basada en la lógica, lo cual no implica que sea literalmente la realidad.

Así, mediante este sistema extraemos conclusiones de cosas que no sabemos. Este sistema es muy útil, aunque a veces nos lleva a error.

De hecho, podrías estar leyendo este artículo (que empieza a tener una ortografía impecable) y, al terminar decirte: ¡otros 15 minutos a la basura!


Pero… ¿qué tiene que ver todo esto con el lenguaje inclusivo?


Anoche al irme a dormir le daba vueltas a este asunto. Me considero una persona feminista, con esto quiero decir que comparto el objetivo del feminismo: igualdad de oportunidades entre todos los seres humanos, sin distinciones.

Este feminismo se puede llevar a cabo de muchas formas (ya sabes que el mapa no es el territorio). Por el mismo sistema de comportamiento sometido a reglas verbales mencionado antes, cuando consideramos que estamos de acuerdo con algo, en este caso un  movimiento (el feminista), y comprobamos que hay personas feministas que hacen cosas que no nos parecen oportunas, nos planteamos si verdaderamente nosotros pertenecemos al tipo de personas que está de acuerdo con dicho movimiento.

Porque nuestro pensamiento está sometido al lenguaje, mediado por él y, el lenguaje tiene la costumbre de tejer y tejer sus redes, de vincular unas cosas con otras (nos guste o no).

¿Eres feminista? Entonces qué, ¿vas a enseñar las tetas en la calle para protestar?, preguntan algunas personas.

En otros casos les parece ridículo el lenguaje inclusivo, ellos y ellas, todos y todas, los niños y las niñas ( “qué rabia me da lo de todos y todas, qué estupidez, ¡estoy ya más harta de las feminbéciles!”… Frase que puede oírse a menudo, en gente que está muy interesada en el feminismo, aunque no se dé cuenta).

Y volviendo a lo mismo, al estar estas frases inclusivas -a veces hasta el aburrimiento- vinculadas a la corriente feminista, hay personas que rechazan el feminismo, no por su objetivo, sino por algunos hechos que forman parte de él, pero que no son él. Hechos que no son ni necesarios, ni suficientes. Hechos prescindibles para el objetivo: la igualdad de derechos y de oportunidades.

Así, si  ante un hecho vinculado al feminismo siento rabia, es probable que cuando participe de cualquier otro hecho feminista, sienta rabia (por supuesto esto tiene más complejidad de como lo estoy presentando aquí, pero para este artículo y lo que quiero transmitir, es oportuno presentarlo así de simple).

Los humanos, ante esto solemos llegar al rechazo del conjunto completo: el feminismo en este caso.

De hecho, el propio lenguaje inclusivo tiene su fundamento en que el comportamiento está sometido a reglas verbales. Concretamente en la transferencia de funciones de un estímulo cualquiera a través de la conducta verbal.

Si la manera de hablar es inclusiva, entonces esto se transferirá al comportamiento, y éste se volverá inclusivo.

Hasta aquí de acuerdo.

Sin embargo, y aquí es donde cobra sentido el título de este artículo, ¿queremos un todos y todas, o queremos conquistar-ampliar el espacio que ocupa la palabra <<todos>>? (teniendo en cuenta que las personas cuando hablamos tenemos tendencia al ahorro, a economizar el discurso).



Anoche pensaba en palabras que en español son de género femenino y que, sin embargo, el contenido que las habita, el significado (lo que representan) del significante (la palabra en sí), es mayoritariamente masculino; la primera que recordé fue la del conocido acertijo, <<eminencia>>.

Pocas personas al pensar en una eminencia en medicina incluyen en su significado a una figura femenina. Lo masculino tiene conquistados los espacios donde habitan los significados.

Toma conciencia de qué hace tu mente ante las siguientes líneas del artículo, qué se representa en tu cabeza:

Una persona astronauta.

Gerencia de un departamento de investigación.

Dirección de una empresa y su cúpula presidencial.

Una persona deportista de élite.

Una persona especialista en física cuántica.

Todas estas palabras están escritas en femenino, y sus significados son ampliamente masculinos. Así que, me pregunto si estamos yendo por el camino correcto. Porque quiero esa igualdad de derechos y oportunidades, porque quiero que hombres y mujeres compartan los espacios sin diferencias que se deban a sus genitales, me pregunto si el camino se debe seguir por la ampliación de significantes (los niños y las niñas), lo cual de alguna forma está fortaleciendo una barrera, o debemos comenzar un camino que amplifique los significados (los contenidos) de los significantes (las palabras) tales como Todos, Eminencia, Niños, Especialistas en Medicina, etc.

Es decir, comenzar un camino que amplifique y reparta los significantes entre hombres y mujeres, ya sean éstos identificados con género masculino o femenino. Porque de momento, el género masculino reina en los significantes, sean estos del signo que sean.

Se me ocurre que sería preferible cuando nos dirigimos a un grupo, hablar usando el femenino (en lugar del  manido todos y todas) y, simplemente decir todas (si me estoy dirigiendo a un grupo de personas, estaría incluyendo a todas las personas del auditorio).

Gracias a todas por haberme leído 😉

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