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La publicidad mental

Ayer me fui a la cama después de haber visto Buenafuente y el monólogo de Broncano en La Resistencia (por cierto…¿hay alguien que llame al programa de Buenafuente Lait Motiv?). Como te decía, me había ido a dormir, pero ocurrió algo así como apagar la tele y encender la mente.

De hecho, este artículo que escribo ahora es una de las muchas ideas que anoche se me acumulaban a empujones  detrás de los ojos cuando me fui a la cama.

Escogí ésta porque me hizo gracia imaginarme la mente como una experiencia similar a ver la televisión. ¿Que de qué hablo? Bueno, doy por hecho que has experimentado lo que ocurre al ver la tele (y también doy por hecho que has experimentado lo que ocurre cuando se tiene una mente).

Una de las cosas en las que se parecen ver la tele y tener mente es la falsa ilusión de control sobre lo que pasa ahí.

Una se dispone a elegir el contenido, incluso a ir directamente a por él, a la  zona de búsqueda. Cuando encuentras lo que buscas (¡sí, a veces ocurre!), le das al botón y empiezas a disfrutar (otras veces te conformas con lo que sea que estén emitiendo, y te tragas a los que hacen cabañas en mitad del bosque, a los leones devorando ñúes, o lo que sea).

Así que, llena de entusiasmo, empiezas a ver tu programa, serie, o lo que sea que te apetezca ver en ese momento (cuando es televisión de pago, además, das por hecho que no va a haber publicidad. Y ¡cuál es tu sorpresa!… de repente, ¡pum! ANUNCIOS… Pero ¡si es de pago!).

La tele te hace lo mismo que tu mente cuando, por ejemplo, te dispones a empezar ese libro que tantas ganas tenías de leer, o a hacer cualquier cosa que requiera un grado mínimo de atención: casi sin que te des cuenta… ¡pum! te cuela su publicidad sin que hayas tenido el más mínimo control sobre ello.

Con la mente además suele ocurrir que, te das cuenta de que estás en anuncios cuando ya llevas un rato tragándotelos. Te puede pasar algo parecido a eso que nos ha pasado a todas… pero…¿qué película estaba viendo?… Si era leer lo que hacías, y tu mente se ha ido a publi… pero… ¿de qué demonios iba este capítulo?…Si te ha pasado durante un encuentro sexual… dios mío, ¡me he ido por completo!

Esto puede pasarnos en situaciones muy variopintas, de hecho, nos puede pasar en todas las situaciones donde nos acompañe nuestra mente. De camino a casa, yendo hacia el trabajo, en el trabajo, mientras conduces, en el supermercado haciendo la compra, durante una conversación con otra persona, asistiendo a una conferencia, teniendo sexo, mientras te comes tu plato favorito, ¡mientras ves la tele!, ¡al tratar de observar a tu propia mente! al estudiar… En fin, en una infinidad de situaciones, tantas como puedas experimentar.

De la misma forma que pasa con los anuncios, la mente a veces nos ofrece contenidos que, si los compramos, nos acercamos hacia lo que queremos, o valoramos… Pero otras veces, que no son pocas, comprar lo que anuncia la mente puede llevarnos a sentir una intensidad de frustración nada desdeñable.

Y no solamente eso, sino que, sin darte cuenta, te has gastado lo que tenías (llámalo tiempo, fuerza, ánimo) en contenidos que no te llevan más que a tener la casa llena de enredos. Cuantos más contenidos mentales compras de este tipo, más ocasiones tienes de ir tropezando con ellos cuando te mueves por tu vida. ¿Te suena de algo? 

persona a punto de caer al tropezar con la misma piedra de siempre. Hace tanto por no mirarla, que se suele tropezar con ella…

Como los anuncios, la publi mental se dirige a nosotros en primera persona (también le gusta mucho utilizar  el verbo ser). Aunque se diferencia en que no lo hace en un tono tan adulador como la tele. La mente no suele decirte porque tú lo vales (por mucho que verbalices ese eslogan en voz alta).

Más bien lo que suele hacer es lo que en márketing se llama publicidad comparativa, de modo que te muestra lo mejor de los demás, en comparación con la mediocridad de ti mismo.


Una muestra de publicidad comparativa

El pensamiento tiene la capacidad de hacernos publicidad en cualquier situación de nuestro día a día. Es cierto, hay veces que estamos tan concentrados en lo que estamos haciendo, que pasamos de los anuncios y no nos gastamos nada en lo que nos ofrece la publi mental. Casi como si no existiera. Como cuando está la tele puesta pero la conversación que tienes con alguien es tan interesante que ni te enteras. Si eres uno de los afortunados que han desarrollado esta habilidad, ya sea naturalmente, o concienzudamente, ¡enhorabuena! (eso es lo que ahora llaman estar en estado mindful, o atención  plena).

Para el resto de los mortales, hay una buena noticia: esta habilidad se puede entrenar, no quiere decir que se pueda llevar a cabo siempre (es más, dudo que eso sea buena idea), pero sí que podemos tratar de dejar de consumir compulsivamente lo que la publi mental nos ofrece.

Pero, ¡¡¿eso cómo se hace?!!

No te preocupes, he preparado

este artículo con algunas herramientas para que empieces a poner en práctica eso de “pasar de los anuncios”

(en un principio lo iba a colar todo en este mismo artículo, pero he pensado que mejor digerir esta primera parte, y después tratar de pasar a la acción).

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